miércoles, 30 de noviembre de 2011

Turrón hecho en casa, el "Espíritu Navideño"




Coinciden numerosos historiadores en señalar que, como sucedió con tantos otros inventos y tradiciones, fueron los árabes quienes introdujeron el turrón en la península ibérica. El tratado "De medicinis et cibis semplicibus" del siglo XI, atribuido a un médico árabe de la época, habla de un postre llamado "Turun", si bien otros argumentan que fueron los almohades quienes, en el siglo XII, habiendo focalizado su incipiente industria en el cultivo de colmenas de miel...

¿De verdad os interesa lo que estoy contando? Presiento que no. Habéis llegado aquí movidos por el deseo de aprender a elaborar turrón y no entraba en vuestros planes recibir un ladrillazo enciclopédico. Añadamos a esta circunstancia el hecho de que Standard & Poor´s haya rebajado recientemente de modo significativo la calificación crediticia de ciertos blogs debido a lo tedioso y prolijo de algunas de sus "entradas"...: parece claro que tendré que abstenerme de impartir mi clase de historia. No hay alternativa.

"Hacia Belén va una burra, cargada de chocolate..."

Fue bien entrada mi adolescencia cuando por fin descubrí el mensaje que se ocultaba en la aparente inocuidad de aquellos entrañables villancicos populares españoles... La sed inmarchitable, rayana en la dipsomanía, de diversas especies fluviales (beben y beben y vuelven a beber); la disparatada estructura vertical de los campanarios palestinos (campana sobre campana y sobre campana dos); la inquietante revelación alusiva al hecho de que "los pastores no son hombres, que son ángeles del cielo"... 

Sí... Pero antes de que mis ojos enarbolasen esa mirada huidiza típica del adolescente que comienza a interesarse por la mercancía psicotrópica que transportaba aquel abnegado asno, tuve la gran suerte de asistir en directo a un espectáculo aromático que irradiaba descargas en efluvio de Espíritu Navideño: la fabricación casera del turrón.

Cómo hacer turrón en casa 

No pienso atormentaros diseccionando los detalles de aquel momento sublime, básicamente porque no los recuerdo. Por tanto, nos ponemos el delantal y empezamos. 


Calentamos en una olla de fondo grueso, a fuego lento, 150 gramos de miel y otros tantos de azúcar; mientras esperamos a que ese brebaje comience a burbujear vamos tostando unas almendras peladas y montando una clara de huevo. 

Cuando la miel haya cocido durante algunos minutos, retiramos la olla de la fuente de calor; incorporamos entonces la clara montada y volvemos a cocer con mucha cautela, removiendo incesantemente, intentando (y consiguiendo) que el huevo no llegue a cuajar. Vertemos entonces las almendritas. Mezclamos, retiramos del fuego y depositamos el peguntoso fruto de nuestra imprudencia en el interior de un molde previamente forrado con papel de horno. Alisamos la superficie y lo dejamos enfriar.

Ya está. Lo hemos conseguido. La próxima vez utilizaremos ingredientes distintos y sorprenderemos a todos con nuestra destreza. Eso sí, no nos dejemos llevar por un entusiasmo exageradamente audaz; no tratemos de emular a los pasteleros vanguardistas creando el "turrón de conejo a las finas hierbas". Saldrá mal. 

Maestros turroneros

Hay algo de lo que debemos ser conscientes, en cualquier caso: las tabletas de turrón no brotan en los anaqueles de los supermercados como las setas en el bosque. Y aunque la producción masiva de dulces navideños haya traído consigo una esmerada robotización del proceso, conviene no olvidar la manera genuina de "hacer turrón".


La fabricación artesanal del turrón es todo un arte e incluso una solemne ceremonia. La lenta cocción de la miel en el interior de la malaxadora; la gradual incorporación del azúcar, la clara de huevo y las almendras tostadas y peladas; la untuosa construcción de esa espectacular argamasa que ha de homogeneizarse con la ayuda de grandes palas de madera... Ningún detalle es gratuito. Es entonces cuando, una vez que la mezcla ha adquirido el aspecto deseado, un mayestático personaje llamado “Maestro turronero” degusta una porción de la masa obtenida. Si el resultado es satisfactorio, dará por concluida esta fase, conocida como "punto de melero". 

Pulverizar o no esa masa, he ahí la cuestión. De hacerlo se estará iniciando el proceso que dará como fruto el turrón blando (el de Jijona). En cambio, si se deposita el producto en moldes, se cubre con una oblea, se corta en barras y se envasa al vacío, habrá nacido el turrón de Alicante, el duro. Como diría Serrat, “contra gustos no hay disputas”.

Ese Espíritu Navideño

Un documento fechado en 1592 menciona una curiosa costumbre del consistorio de la ciudad de Alicante: "Para fiestas de Navidad se pagarán todos los salarios, parte en dineros y parte en un presente: una arroba de turrones." 


En fin, no sé si a día de hoy tendría éxito esta iniciativa. Pero tal y como están las cosas, no cabe descartar la posibilidad de que el futuro nos haga descubrir, cinco siglos después, la verdadera magnitud de nuestro Espíritu Navideño.


Fotografías: El Pantera & Tamorlan



6 comentarios:

María Sánchez dijo...

¡Jajajajaja! Sin duda tu entrada más divertida. ¡Me he partido de risa con tu interpretación de los villancicos!
Además, he aprendido a hacer turrón... al menos sobre el papel. ¡No sabía que era tan fácil!
Magnífica receta, mejor relato. As usual.
Un abrazote de oso

Elisa dijo...

"Turrón de conejo a las finas hierbas"... ja ja ja ja... Me guardo la receta para mi invierno che... Se ve bien.

Y protesto porque me dejaste sin la parte histórica, o será la única a la que le interesa? XDDD

Antonio del Olmo dijo...

Es tan fácil como parece, María. No queda como para llevarlo a una exposición (bueno, a una de auqueología, si acaso), pero está rico y se puede utilizar como elemento de disuasión.

Antonio del Olmo dijo...

Elisa, lo cierto es que la historia del turrón no es demasiado divertida. Además, las fuentes que he consultado no son del todo fiables... Pero, fíjate, me animó verte interesada en este detalle. Veremos qué opina Standard & Poor´s.

Atlántida dijo...

Como diría un amigo de Alicante (o Alacant) la manufacturación aquí descrita con brillantez absoluta es del turrón de Jijona (o Xixona)..,puntualicemos, que los alicantinos son muy suceptibles con estas cosas...¿O era el de "piedra"? :)

Lo digo por hacerlo o no hacerlo...,que luego la piñata se resiente. Buena entrada, compi.

Antonio del Olmo dijo...

Gracias, Lady Atlántida09. El turroncito casero que propongo es, para bien o para mal, el no apto para personas con problemas dentales. A ver si me da tiempo a publicar algo acerca del turrón blando antes de Navidad.