jueves, 20 de septiembre de 2012

Ferrán Adriá no inventó la tortilla de patatas de bolsa



Resulta fascinante descubrir que muchos de esos proverbios, máximas y axiomas que tanto aplaudimos en las redes sociales son realmente anónimos... Simples chascarrillos de taberna color sepia, aforismos que de ninguna manera fueron concebidos por quienes finalmente recibieron reconocimiento y fama gracias a ellos. El declive del academicismo tiene como consecuencia la atribución injusta de todo tipo de primores, sutilezas y eutrapelias al ingenio de personajes ilustres, sí. El caso de la famosa tortilla de patatas de bolsa, o "tortilla de chips", es un ejemplo de ello.


Somos legión quienes todavía sentimos escalofríos cuando alguien tiene a bien adjudicar al gigante Ferrán Adriá la paternidad de este absurdo platillo que resulta de sumergir un buen puñado de patatas fritas de bolsa en un charco de huevos batidos. No obstante, debemos admitir que esta elaboración es mundialmente famosa gracias al mencionado cocinero, ese magnífico exponente del Pop-art gastronómico. Sea o no el creador del monstruito. 

Tortilla de chips, receta 

La receta es ciertamente básica. Batimos en un plato tres o cuatro huevos (dependiendo del tamaño de la bolsa de patatas). Abrimos la bolsa de chips y procedemos a espachurrar las patatas sobre los huevos. No suele ser necesario añadir sal, estos productos raramente son fabricados pensando en quienes padecen hipertensión. Añadimos un poquito de levadura en polvo, y mezclamos. 

De inmediato, las patatitas se ponen blandas, muy blandas, cobrando un aspecto poco apetitoso. No debemos alarmarnos, el resultado será diferente. 

Vertemos un poquito de aceite en una sartén (o un sartén) y calentamos. Cuando el aceite esté caliente (sin humear, a no ser que pretendamos crear el revuelto de chips achicharradas) derramamos nuestra mezcla de huevos y chips en el interior del recipiente. 

Importante: por motivos que tal vez explique la química o la mecánica cuántica, la tortilla solo debe permanecer 40 segundos al fuego por cada una de sus caras. Unos segunditos de más nos llevarán a conseguir el conocido “efecto felpudo”. En otras palabras: al comerla tendremos la sensación de estar degustando una alfombra con sal. Ni qué decir tiene que no es este el resultado más deseable. 

Arguiñano, Adriá y la tortilla de chips 

Leído y analizado el párrafo precedente, parece cuanto menos sensato no dar crédito excesivo a quienes afirman que una simpleza de tamaña envergadura fuese realmente producto de la imaginación del ínclito propietario de El Bulli, para algunos el mejor restaurante de la historia del mundo desde que el mundo es mundo. 

Sin embargo, el cocinero televisivo Karlos Arguiñano ha manifestado en diversas ocasiones que la eficaz tortilla con patatas de bolsa fue inventada por su colega y amigo Adriá. Como buen restaurador, en algunos de sus programas realizó sugerentes aportaciones a la receta de su compañero: taquitos de chorizo, pimientos de piquillo... 


... Y lo curioso del asunto es que nuestro querido Arguiñano siempre se ha mostrado firme en el reconocimiento de que la receta no es de su autoría, sino fruto de la creatividad ciclópea de su admiradísimo amigote Ferrán Adriá. Quizás movido por el temor a ser acusado de plagio... Lo cual hace pensar que tal vez los datos básicos de este intrigante plato hayan sentado reales en alguno de los cajones del Registro de la Propiedad Intelectual. 

Leyendas acerca de la tortilla de chips 

Los orígenes de esta receta son desconocidos. Punto.

Cuentan que el primero en poner en práctica este experimento fue  alguien que tenía huevos y se había quedado sin patatas; probablemente un estudiante canadiense que recorría con escasa liquidez diversas latitudes de los Estados Unidos. Da igual. Otros sitúan en México y en Marruecos el nacimiento de tan extravagante propuesta culinaria. Quién sabe... 

Es más: quizá, después de todo, la tortilla de marras sea verdaderamente una criaturita de Ferrán Adriá... Todo el mundo tiene un mal día, joder. Lo que sí puedo asegurar, retomando la reflexión que dio inicio a esta humilde crónica, es que la existencia de la tortilla de chips no tiene nada que ver con Confucio, ni siquiera con Marco Polo..., por mucho que Facebook insista. 

Fotografías: Tamorlan, Xavi Tallada & Flydime

4 comentarios:

Lola García Blaya dijo...

jijijijiji ¿sabes una cosa? cuando yo estaba en secundaria, desde entonces ha llovido....., pues como te digo, cuando yo tenía de 11 a 14 años, casi a diario, nos haciamos en mi instituto un bocata de papas, nos comprabamos un panecillo y paquete de papas, abriamos el pan y el paquetito, lo metiamos dentro las chafabamos bien y estaba riquísimo!
Tambien es verdad que el bar del instituto tenía poco surtido, era o eso o pan y chocolate!!!!
Un besito!
Ah!!! Que me iba sin decirte a lo que he venido, ya está mi panna cotta, cuando quieras te pasas a merendar que tuyo es un trozo!
http://lolacoci.blogspot.com.es/2012/12/panna-cotta.html

Mario dijo...

Esta receta ha salvado mi vida y la de mis hijos ya que es una forma practica y rápida de comer algo rico. Como muchas veces llego tarde a casa, busco preparar algo rápido. El otro dia compre Pasajes a Chile y llegue a altas horas de la noche y este plato era ideal para comerlo

javier dijo...

La abuela de mi mujer, hacía desde muy joven la tortilla con patatas chips, como un entrante rápido.

Rafa dijo...

Durante la mili, año 73, un ayudante de cocina nos las hacía en un campin-gas. La receta se la pasaron durante el periodo de instrucción en Cartagena. Así que, ¡menos lobos Adriá!
Saludos